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domingo, 28 de febrero de 2021

Roles dentro de la familia

Estamos entrando a una nueva forma de vida, en donde si ambos padres trabajaban, ahora lo hacen desde casa, o peor aún, solo uno de ellos.

Antes existió un momento en nuestras vidas en donde ambos trabajábamos y nos rompíamos la espalda tratando de salir adelante en una tierra llena de competencias donde sea que volteemos a mirar, y todo eso es porque siempre queremos darle lo mejor de lo mejor a nuestra hija, aunque solo tengamos una hija en la familia, no significa que el esfuerzo sea menos para aquellas familias que son más numerosas, para nada, aunque sabemos que económicamente existe una gran diferencia entre tener que velar por el bienestar de un hijo que tener que hacerlo por tres o cuatro.

Ahora que hemos estado medio encerrados en esta cuarentena, y digo “medio encerrados” porque yo si he tenido que salir a trabajar, en mi caso el “home office” ha sido bastante “relativo”, hemos implementado varios protocolos de seguridad para cuando yo regreso a la casa, y hasta ahora he tenido la “suerte” de no estar dentro de las cifras estadísticas de contagio.

Desde que nuestra hija llego a nuestras vidas, mi esposa se ha hecho cargo de la casa, ella ha sido quien ha tenido que lidiar con los temas internos, y el tiempo en casa se pasa volando cuando tienes una hija que exige tu total atención, aunque ahora ya tiene siete años y tiene cierta independencia, pero igual no hay que dejarla sin supervisión, más aún con el acceso a la tecnología y al internet.

Nuestro actual problema es que de los dos, yo soy el que está más tiempo fuera de casa, y por ende, soy el que menos puede ayudar en las cosas que hay que hacer, y si a eso le agregas que las clases del colegio han sido virtuales en su totalidad, peor todavía, hay que estar sentados mirando las transmisiones y viendo las tareas que van dejando.

En este último año 2020 Mara Sofía ha aprendido muchas cosas, en el día a día, cosas que te sorprenden porque no la creías capaz de hacer ese tipo de cosas, y no solo por el colegio sino por los talleres que ha mantenido durante el año y que sigue manteniendo. Cada día que pasa la veo más despierta, más inteligente, más centrada y todo eso es bueno, pero me estoy perdiendo de todas esas cosas de primera mano, no estar presente como que me molesta un poco, y es verdad que el trabajo también es importante y soy consciente de la responsabilidad que conlleva el tener una hija en casa, no puedo simplemente dejar de trabajar y ya, no es tan fácil y peor ahora con esta situación tan complicada en la que estamos viviendo. Al menos, durante la cuarentena he podido disfrutar un poco más de mi familia, no habrá sido la mejor de las formas pero como dicen algunos “a nada”.

Ahora ya estamos a puertas de este nuevo año escolar 2021, Mara empieza segundo grado de primaria y seguirá recibiendo las clases online, seguirá con los talleres virtuales y seguiremos manteniendo los protocolos activos y vigentes, porque no podemos bajar la guardia, al menos aún no.

Quiero resaltar que de todas las cosas que se deben hacer en casa y en familia, la responsabilidad siempre recae en mi esposa por ser la que “más tiempo está en casa”, yo por mi parte seguiré trabajando mientras se pueda, para mantener  en equilibrio nuestra economía, son funciones importantes que debemos realizar, así que aunque no nos guste o terminemos molidos, debemos hacerlo y como tenemos una meta clara, que tiene nombre y apellido, y nos gusta lo que hacemos, pues ahí iremos avanzando contra todo lo que se nos presente.

miércoles, 15 de abril de 2020

El miedo existe

Tengo miedo y no dudo al decirlo, estamos viviendo momentos complicados, no importa desde donde lo vea, ningún ángulo mejora la imagen, los números cambian todos los días, y siempre van subiendo, no cambian la ruta, van mostrando lo peor y es realmente espeluznante.

Soy un papá más que se encuentra encerrado, cumpliendo con los decretos y las normas que van saliendo día tras día, uno de los millones de padres que no la tienen clara, de esos que no sabemos si habrá un mejor mañana, si seguiremos con trabajo, si seguiremos sanos. Yo no sé cuánto tiempo más tendrá que pasar para poder abrazar a mi mamá de nuevo, a la que tanto extraño, si podré hablar con mis abuelos en persona nuevamente, si podré sacarme nuevas fotos con ellos, ya que ambos son bastante mayores, son parte de la población en riesgo.

Los niños son los que peor la tienen, porque están acostumbrados a salir a cada rato, a disfrutar de los amigos, a pisar el parque, a jugar pelota. Mi hija extraña el colegio, extraña a sus amigos, extraña a su familia, extraña poder salir, continuar con sus actividades diarias y sus talleres. Inocentemente pregunta cada cierto rato si puede salir unos minutos al parque interno del condominio, solo nos queda explicarle nuevamente que no se puede, ella entiende, pero a los días se olvida, soy el peor carcelero del mundo.

Ya son cinco semanas que llevamos dentro, es verdad que salimos, pero una vez a la semana, manteniendo el distanciamiento social y cumpliendo con todos los protocolos de aseo. Yo salgo semanalmente a comprar víveres, enmascarado como un superhéroe de Marvel o como un bandolero del viejo oeste, caminando, porque no podemos usar el automóvil, arrastrando la carretita, esa cosa con ruedas que se ha vuelto mi pareja de caminatas, que me ayuda a cargar de vuelta los insumos necesarios para sobrevivir los próximos siete días.

No tengo que ir muy lejos, pero las veces que he tenido que salir me he demorado demasiado, las colas para poder hacer algún tramite bancario son de nunca acabar, entrar a una tienda es peor, puedo estar dos horas esperando, parecemos una fila de zombis, uno detrás del otro, nadie habla, nadie conversa, avanzando a paso lento e inseguro, con el miedo a flor de piel, preguntándome si quien está delante mío estará igual de sano que yo, si se cuida igual que yo, si tiene una familia que lo está esperando en casa, como a mí. Vivo en una constante preocupación, pensando en si la cajera que me cobra en la tienda no estará incubando el virus, si el chico que me ayuda a empacar las compras estará igual de asustado que yo, preocupado por el resto de los clientes de la cola, esperando que se acabe el turno para salir de esa tortura infinita.

Los tiempos están cambiando, ahora las reuniones de amigos son por Zoom, si antes no tenía tiempo para reunirnos, ahora nos hemos visto más veces que en los últimos 25 años. Ver a mi abuela a través de una video llamada es un logro de otro nivel, conversar con mi familia ahora es más común y es más sencillo, no necesito ir a visitarlos, estamos a un clic de distancia, nos vemos más seguido, conversamos más seguido. Por lo visto no todo es malo al final de cuentas.

La tecnología nos está uniendo mucho más, antes nos mantenía separados, mi hija ahora recibe sus clases por video conferencia, sus materiales llegan por correo electrónico y le mandamos fotos y videos a las profesoras, justificando los avances. Yo ahora trabajo desde casa, resuelvo problemas desde mi escritorio, no tengo que estar dentro de una oficina 8 o 9 horas diarias, disfruto más este encierro porque tengo a mi familia conmigo, no a todos lamentablemente, pero estoy disfrutando cada minuto que pasamos juntos. Ahora hago de profesor y de apoyo en las tareas del colegio, tengo tiempo libre para ver televisión juntos, esos minutos que gastaba viajando de ida y vuelta a la oficina los aprovecho en casa. Somos fanáticos de Netflix, saltamos soga, jugamos vóley-globo en la sala comedor, he desenterrado el monopolio y estoy a punto de comprar algún otro juego de mesa en mi siguiente salida.

No todo es malo, siempre donde hay problemas se presentan las mejores oportunidades, sin embargo, el miedo no se va, y eso es lo más difícil, hoy tener miedo es normal.