Mmmm, pensé dentro de mí, soooo what??? Mi mami tuvo a mi hermano menor a la misma edad que yo estaba embarazada y Miguel nació por parto vaginal y no pasó nada, mi cesárea fue hace 10 años y cómo saben si mi pelvis es estrecha???? Marco llegó y mi ginecóloga le explicó lo que habíamos conversado y sacó un estimado de todo lo que costaría el 3 x 1; casi 10,000 Nuevos Soles. Luego pasamos a revisar al bebé; salí de la cita y las lágrimas se me caían. Dentro de mí sentía que no era lo que yo quería; okey entendía que si hubiera un riesgo muy alto, no iba a exponer a Oliva y sería cesárea, pero las razones que me daba no las sentía convincentes. Luego de unos días de pensarlo y conversando con Marco, decidimos buscar a un profesional que apostara por un parto vaginal.
Le pregunté a todo el mundo, fui a varias clínicas y en la mayoría todos se inclinaban a una cesárea por mi cesárea anterior, por la edad; me horrorizaba escuchar a las personas diciendo, pero es más rápido, no sufres y el bebé sale más lindo; ¿Por qué quieres sufrir? ¿QUEEEEEEEEE? No podía creerlo. Sin embargo, seguí buscando y preguntando hasta que un día llevé al control pediátrico a Santi y le pregunté a su pediatra si conocía a alguien; él me dio el dato de una doctora para que la contactara e hiciera la consulta con ella. No lo pensé dos veces y la llamé para sacar una cita. Debo de decir que gracias a Dios, Marco iba en mi línea y estaba al igual que yo apostando por un parto vaginal, pues ambos sentíamos que cada vez que contactábamos alguna clínica o preguntábamos, la palabra parto vaginal no estaba en el vocabulario, era como si les hablaras chino, pues sentíamos que al parecer, la cesárea era la primera opción y no al revés. Nos decían que ningún médico se responsabilizaba por un parto vaginal, como si dar a luz de esta manera fuera algo riesgoso.
Felizmente, nos dieron una cita muy rápido y cuando llegamos y conversamos con la doctora, fue como decir por fin encontramos el sitio adecuado. Ella nos explicó, que la edad no era un impedimento, siempre que fuera una mujer sana, la cesárea previa había sido hacía 10 años y dentro todo ya estaba acomodado y sanado y en cuanto a la pelvis, luego que ella me revisara, me dijo que estaba perfecta, que no era estrecha. En cuanto al quiste, me dijo que podíamos esperar hasta luego del nacimiento de Olivia para extirparlo, pues nunca me había dado ninguna molestia hasta el momento. Sin embargo, me dejó claro que en el caso que ella viera el mínimo riesgo, sería una cesárea, pero inicialmente, apostaríamos por un parto vaginal. YEAHHH!!!! Encontré a la persona; me alegró saber que aún quedan profesionales que apuestan por partos vaginales, pero siempre cuidando al paciente. Que se toman el trabajo de revisar el caso con detenimiento, sacar los análisis y exámenes que sean necesarios y ver en conjunto con el paciente lo mejor para el bebé y la mamá (que es como siento que las cosas deberían de ser). Siempre estuvo muy pendiente de mi proceso.
El 22 de junio a las 10 am empecé con las contracciones; luego de pasar todo el día en casa, reposando y controlando el tiempo. Llamamos a la doctora a las 8pm y nos pidió que fuéramos a la clínica para encontrarnos allí. Chapé la maletita de Oli, mi maleta y mi termo con té de orégano para ayudar al proceso (recomendación de mi querida profe de yoga prenatal que, debo de decir, sus consejos y enseñanzas me super ayudaron durante todo mi embarazo y durante el proceso de dilatación y parto). Llegamos a la clínica y aún faltaba por dilatar, pues estaba en 3; me pidieron me quedara y a partir de allí la experiencia fue realmente especial, pude mantenerme de pie, caminar, hacer mis ejercicios, tener a mi esposo al lado, apoyándome fue lo más increíble del mundo, pues sentía que era parte de esta llegada tan esperada de Oli. Pude lograr hacer casi todo mi proceso sin epidural, cuando estaba en 7, me tuvieron que echar para monitorearme y vieron que los latidos de Oli bajaban un poco en la contracciones, entonces del 7 al 8 y llegando casi a 9 fue un poco difícil continuar de pie, pues debían monitorearme, y los dolores se volvieron más intensos, por lo que me pusieron muy poquita epidural. La doctora estuvo todo el tiempo conmigo, monitoreando todo movimiento y al pendiente por si algo sucedía. Oli nació finalmente el 23 de junio a las 4 de la madrugada por parto vaginal. Fue como un caso raro en la clínica ese día, pues no podían creer que una mamá que había dado a luz por cesárea, estuviera dando a luz parto vaginal. Con razón había muchas personas en la sala de partos (jijijij). Ni bien nació la pusieron en mi pecho para que lacte. La dejaron conmigo unos variosssss minutitos y fue todo increíble. Marco a mi costado y la pequeña Oli con nosotros.
No me gusta comparar, pues creo que cada embarazo y parto son únicos, pero si puedo decir algo de ambos, es que en el segundo estuve mucho más presente y consciente en cada minuto, cada segundo del proceso. Pude sentir mi cuerpo, reconocerlo, ayudarme y ayudar a mi bebé a poder llegar al mundo. La experiencia de mi segundo parto fue mágica y creo que no la cambiaría por nada del mundo. No cambiaría por nada del mundo las muchas puertas que tuve que tocar hasta llegar a la correcta, que por lo menos escuchara lo que esta madre embarazada tenía que decir, no cambiaría los dolores de trabajo de parto por nada del mundo. Quizás algunos piensen que estoy loca y quizás sea así. Simplemente, creo que sentí lo que mi corazón y esa vocecita interna me decían. Debo de decir que en algún momento pensé en tirar la toalla y apostar por una cesárea, pero creo que en el fondo sabía que encontraría a alguien que escuchara lo que tenía que decir, sólo eso, alguien que escuchara y que me dijera bueno es posible o no es posible, pero luego de haber analizado el tema a consciencia. Creo que actualmente eso es lo que se ha perdido, el escuchar al otro, el hacer empatía con el otro, no ser tratados como un número más o como uno más sino como un INDIVIDUO, un ser único que llega al consultorio con características diferentes, situaciones diferentes, sentimientos y emociones.
No tengo nada en contra de las cesáreas, siempre que sean necesarias para evitar que el bebé o la mamá corran riesgos, pero siento que actualmente todo va tan rápido que no nos detenemos a pensar y analizar las cosas. Para el bebé y la mami un parto vaginal tiene una serie de implicancias y beneficios, que quizás muchos no lo conozcan y que creo los profesionales deberían de tomar más en cuenta, informarse más y transmitirlo a las pacientes. Mi esposo siempre dice que la naturaleza es sabia y REALMENTE LO ES.
Les agradezco el haberse tomado un tiempo para leer este pequeño artículo. La verdad sólo quería contar mi experiencia de un parto vaginal, luego de una cesárea. Creo que siempre es importante poder escucharnos y seguir esa vocecita interna que te dice por dónde ir, pero, en este caso, siempre de la mano de un profesional que cuide la salud del bebé y la mamá.
Un abrazo y gracias.
Lucia
Nota:
Todo el texto proporcionado es una transcripción directa del documento original, incluyendo la foto.