miércoles, 18 de marzo de 2015

Detras de tus pasos

Desde que mi hija se ha sentido más segura al caminar quiere estar más tiempo fuera de casa, por eso ahora cada vez que regreso de la oficina a casa, sobre todo cuando utilizo el transporte urbano, ella aprovecha las circunstancias para salir a caminar y recibirme en el paradero final.

Es lo máximo bajar de la línea azul y escuchar los gritos de emoción de mi hija al verme llegar, correr a la poca velocidad que le permiten sus piernitas, con los brazos abiertos y la sonrisa más hermosa que un padre puede recibir como regalo de bienvenida, solo me dan ganas de abrazarla, cargarla y llenarla de besos. La cantidad de sentimientos que fluyen en esos pocos segundos te puede llegar a abrumar y la verdad es que es así de abrumador, tantas cosas en mi cabeza que dejan de presionarme automáticamente y solo queda mi completa atención para mi hija, y mi esposa claro.

A ella le encanta caminar, nuestro regreso a casa no es muy largo, serán dos cuadras a lo mucho y ella siempre quiere estar jugando durante todo el camino, le gusta que le hagamos el columpio, cada uno de nosotros un lado para de ahí balancearla hacia adelante y hacia atrás tomándola de las manos es lo máximo, también jugamos a las chapadas o a las escondidas, le gusta que la imitemos, ella se pega a una pared y espera que nosotros hagamos lo mismo, se ríe a carcajadas y luego de unos segundos esta nuevamente en movimiento. Otra cosa que también hace es seguir a su sombra, o señalar las estrellas o la luna y llamarla para que baje. Hay tantas cosas que uno puede hacer en tan solo dos cuadras de caminata, solo es cosa de imaginación.

Justo hace unos días que regresamos caminando a casa la deje que avanzara un poco por sí sola, siempre manteniendo mi distancia, ni muy lejos ni muy cerca, observándola caminar, coqueteándole a su sombra y me puse a pensar en lo maravilloso que es tener una hija, hay veces que me cuesta creer que soy padre y verla caminando, toda ella misma modelo en pleno desfile no tiene precio. Así estuve todo el camino de regreso a casa, solo mirándola en silencio, con alegría y emoción de solo verla andar.

Siempre dicen que los hijos siguen nuestros pasos, pero así no podemos ver que tan bien caminan, entonces invirtamos la moneda, cambiemos un poco la frase, yo seguiré tus pasos para poder verte siempre, estaré lo suficientemente cerca para cuidarte pero lo suficientemente lejos para no estorbarte demasiado, a veces estaré a tu lado apoyándote en todo momento y a veces estaré delante de ti guiando tu camino para que no tropieces y caigas, pero si por alguna razón caes, yo estaré para ayudarte a levantar.

En resumidas cuentas, estamos por todos lados.