jueves, 25 de febrero de 2016

Rompiendo puertas

Existen muchas cosas que pueden pasar en casa, situaciones complejas que deben ser manejadas, en teoría, con serenidad, calma y tranquilidad, pero cuando el riesgo es alto solo se debe actuar lo mas rápido posible. Esto fue lo que sucedió una noche como cualquiera.


Yo estaba en la universidad, terminando con la clase del lunes, había recibido un mensaje de texto donde Mary me decía que manejara con cuidado porque estaba lloviendo, hasta ahí todo normal como cualquier final de cualquier día. La siguiente llamada entro a las 10:35 de la noche, no se entendía nada y se escuchaba entrecortado, yo le dije a Mary que le devolvía la llamada. Al responderme solo me dijo lo siguiente: "La bebé se ha encerrado en el cuarto y no tengo la llave". Yo le dije con calma que probara las llaves de las otras habitaciones, alguna podría abrir, pero ya había probado eso y no logro conseguir abrir la puerta. Solo atine a decirle que se calmara y que ya estaba en camino.

El tiempo estimado de viaje entre la universidad y mi casa es de más o menos 30 minutos, más que todo por el tráfico, en el momento que colgué el teléfono solo pensé en llegar lo más rápido posible pero calmado para evitar accidentes, aunque en ese momento solo piensas en lo peor que podría suceder y eso te hace acelerar al máximo. El tráfico no te ayuda, la lluvia tampoco, solo sientes que el auto se mueve de un lado a otro, sabes que la pista esta mojada y que las ruedas se resbalan y pierden adherencia, lo sientes en el timón, pero igual pisas el acelerador para llegar rápido, aunque debo ser consiente que con la velocidad no se juega, en ese momento me sentía igual que meteoro.

Al entrar al departamento y mientras corría a la puerta de nuestro cuarto iba dejando todo tirado en el camino, solo importaba abrir esa puerta. Mi hija me escucho desde el otro lado y me decía que abriera la puerta, Mary ya estaba llegando a un punto de desesperación, con las lágrimas en los ojos y sin poder hacer mucho. Trate de consolarla dejándole entender que todo iba a salir bien, que era cosa de probar alternativas, ella ya había intentado entrar al cuarto probando con varias llaves, ya había usado un cuchillo y un desarmador sin suerte. Yo trate de abrir la cerradura con varias llaves, también usando unos perilleros y forzar la chapa, sacar la chapa, usar un martillo y varias cosas más. Ya habían pasado en total como 45 minutos y la puerta no cedía. Mara desde adentro trataba de ayudar, le decíamos que hacer, buscar una llave, tratar de abrir desde adentro, pero aún es muy pequeña y no tiene tanta fuerza como un adulto. No hubo suerte, me empecé a desesperar y peor aun cuando veía sus dedos sobresaliendo por debajo de la puerta, por ese espacio entre la puerta y el suelo, en ese momento la cordura empezó a perder espacio.

Luego de varios intentos infructuosos y cuando empiezas a escuchar que tu hija empieza también a llorar es cuando usas la fuerza bruta, Mary le daba indicaciones para que se aleje de la puerta lo máximo posible, lo más lejos posible, para evitar hacerle daño de alguna forma. Yo ya había intentado abrirla con un par de golpes, pero aun no tenía la adrenalina acumulada al máximo, fue en ese segundo intento que derribé la puerta a la quinta patada, literalmente la partí de dos, recibí la fuerza de todos los superhéroes conocidos y desconocidos, luego de esos segundos de locura y descontrol logramos entrar para liberar a la bubu de su cautiverio. Por suerte ella estuvo tranquila y no se asustó para nada, seguía viendo Disney Channel mientras nosotros del otro lado estábamos sufriendo por entrar. Ahora necesitamos otra puerta.

La moraleja es tener las llaves de todas las puertas en algún lugar de fácil acceso y un duplicado fuera de la casa.

Y tú, ¿qué sacrificarías por el bienestar de los tuyos?