miércoles, 12 de agosto de 2015

Miedos y Angustias de una Mamá Primeriza - Testimonio

Mi testimonio tiene que ver con algo que he notado que se repite en varias mamás primerizas, y que no es para nada igual cuando una tiene un segundo bebe. Esperar el primer bebe es emocionante pero también muy estresante, una no sabe si lo que está haciendo está bien o mal hasta después, cuando vemos el producto en perfecto estado y sonriendo, esa experiencia es muy valiosa a la hora de tener un segundo bebe, voy a contar un poco de la espera y el primer día que llegó mi primogénito, espero sea de ayuda para alguna mamá primeriza para que le de alguna tranquilidad, alguna tal vez haya pasado por lo mismo y se sienta identificada, o si está en duda puede animarse por el segundo(a). ;) El hermanito, en mi caso, se dio como algo muy natural, tanto así que no lo noté hasta el segundo mes de embarazo, no estaba pendiente de las fechas como con el primero que marcaba todos los meses religiosamente en el calendario, los días probables. No hubo los miedos de antes, pude disfrutar más de todo el proceso de espera, ya sabía que cosas si se usan y que cosas no y sólo ocupan espacio. Que marcas eran buenas y malas de cada cosa, biberones, pañales, ropita, zapatos, donde las vendían, y sobre todo cuando debía preocuparme y cuando no, tenía una línea de partida para saber qué era lo que estaba “bien” y si no, a preguntar. 

Quedar embarazada no fue algo rápido, no dijimos, ya, el próximo mes lo hacemos y zas. Todo lo contrario, demoró más de lo previsto. No voy a ahondar en ese tema porque me estaría yendo por las ramas, solo diré que como todo lo que tiene que pasar, felizmente pasó. 

Y este pequeñito desde antes de nacer cambió nuestras vidas para siempre, arreglamos el cuartito, compramos cuna, mueblecitos, nos regalaron de todo, aparatos grandes, medianos, pequeños, algunos los usamos, otros no tanto, había mucha ropita, juguetes, nos emocionamos con cada gesto y detalle que llegaba para nuestro pequeñito. 

Me di cuenta que en mi familia nunca había tenido un bebé cerca y no me gustaba cargar a los bebés ajenos, me parecían tan delicados, lo cierto es que me asaltaban muchas dudas y leí mucho, libros, revistas, foros, fui a las clases de psicoprofilaxis, quería estar preparada para no cometer errores o al menos para hacerlo lo mejor que se pueda.

Hasta que llegó el día esperado, estaba ahí pero sentía que flotaba, tal vez fue por la anestesia, o por las emociones, todo pasó muy rápido, la gente entraba, saludaba y salía, yo estaba feliz, pero a la vez preocupada, lo primero que tenía que hacer como mamá era darle leche al bebe. Después de toda la preparación sobre lactancia, no debía tener problemas, a menos que sea yo el problema, me empecé a preocupar.

Desde que nació, a los minutos me lo acercaron para que tome leche, era muy frustrante ofrecerle para que tome y que él quiera tomar y no pueda, creo que le ofrecí tantas veces sin obtener resultados que luego cada vez que lo acercaba a mi pecho lloraba, yo podía sentir su frustración, no tomó nada por varias horas.

Cuando pasó la hora de visita estuve por fin un tiempo a solas con mi bebe, digo a solas porque ya no teníamos más visitas que el núcleo familiar. Y ya era, se supone, hora de dormir, pero ninguno de los dos tenía sueño. 

Y fue cuando pude darme cuenta de su mirada, no sé si me miró por primera vez, o si ya lo había hecho durante el día y no lo noté porque estaba más preocupada por el ajetreo de las visitas y porque tome leche, que no había reparado en nada más, pero en ese momento me miró como alguien que te conoce desde hace tiempo, como alguien que te reconoce, fue uno de esos momentos mágicos. Cuando me miró así, me di cuenta de que al menos por ese día, el no necesitaba tomar leche de mi pecho, ni de biberón, no necesitaba nada más, sólo tenerme cerca, para que lo cargue, para que lo abrace, para que le cante las canciones que había escuchado antes y que ahora escuchaba con toda claridad y saber que todavía estaba ahí su mundito seguro y conocido y fue cuando mis dudas y temores se desvanecieron, al menos por ese día no debía preocuparme, él no estaba preocupado, ni tenía hambre, ni sed, ni sueño, no le faltaba nada, él también era feliz.